LA PARROQUIA EN EL TIEMPO ORDINARIO

lunes, 2 de abril de 2018

RESUCITÓ DE VERAS MI AMOR Y MI ESPERANZA

A las diez de la noche del pasado Sábado Santo estaban convocados los fieles de la comunidad parroquial para celebrar la Vigilia Pascual. La celebración, presidida por el párroco D. Enrique Barrera, tenía dos partes centrales: la Palabra (en este tipo de celebración las lecturas son más numerosas) y el sacramento de la Eucaristía.

Así, los dos momentos centrales adquirían un relieve especial: se proclamaba en la Palabra la salvación que Dios ofrece a la humanidad, culminando con el anuncio de la Resurrección del Señor. A todo ello se le antepone un rito de entrada muy especial: un rito lucernario que juega con el símbolo de la luz en medio de la noche, y el Pregón Pascual, lírico y solemne.

Todos estos elementos especiales de la Vigilia quieren resaltar el contenido fundamental de la Noche: la Pascua del Señor, su Paso de la Muerte a la Vida. Y es que la Pascua de Cristo es también nuestra Pascua.

El párroco bendijo el cirio pascual que se adorna con granos de incienso, según una tradición muy antigua, que han pasado a significar simbólicamente las cinco llagas de Cristo: "Por tus llagas santas y gloriosas nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor". Terminaba el celebrante encendiendo el fuego nuevo, diciendo: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu". Y es momento de escuchar cantar tres veces: "Luz de Cristo" mientras se encienden en el cirio recién bendecido todas las velas de la comunidad cristiana.



 



Ya en la mañana del Domingo de Resurreción, 1 de Abril, la comunidad parroquial acudía a la Santa Misa que presidió el vicario parroquial D. Jose Manuel Pineda quien, en una hermosa y solemne celebración, proclamó la resurrección de Jesucristo. En su homilía, Pineda indicaba que "no podemos mirar el luto y el dolor por la muerte de Jesús; no toca mirar atrás, sino que tenemos que mirar a aquel que ha resucitado que nos muestra lo que ha sufrido desde sus llagas; y es que Él no ha pasado por este mundo por un sufrimiento cruel, sino para abrirnos las puertas del paraíso para que alcancemos la gloria eterna junto al Padre".

Terminaba el vicario parroquial pidiendo al Señor "que guíe nuestro camino a la gloria de la resurrección que no es el señalado por nuestro mundo actual sino que el mundo de nuestra fe es un mundo pleno, lleno de vida, de un sepulcro vacío". Sentenciaba con unas palabras que nos deben llenar de alegría: "Salid y levantaos, salid para dar testimonio de Cristo resucitado".






¡FELIZ PASCUA!